Capítulo 8. La máscara en el vestíbulo
La ciudad seguía ahí afuera, bulliciosa y caótica, pero al cruzar la puerta de mi casa, el silencio me golpeó con una fuerza absoluta. Eran casi las tres de la mañana. Mis sentidos aún estaban afilados por el sexo salvaje con Valeria, pero mi mente ya se había instalado por completo en el modo de "esposo perfecto": el hombre que construye y mantiene la fachada ante el mundo.
Entré en el vestíbulo. El apartamento estaba en penumbra, iluminado apenas por la luz indirecta que yo mismo había exigid