Capítulo 19. La última cena
El chirrido de las llaves en la cerradura me sacó de mis pensamientos. Federico entró a la casa pasada la medianoche, su silueta recortada contra la luz de la calle revelaba una postura encorvada que no le conocía. El olor a tabaco y a whisky barato venía pegado a su piel. Me esperó en la entrada, como siempre, pero esta vez no me levanté a recibirlo con una sonrisa fingida. Me quedé sentada en el sofá, con la penumbra de la sala envolviéndome, observando cómo su mundo empezaba a desmoronarse e