Capítulo 10. El estacionamiento

La jornada laboral había sido un ejercicio de contención. Mientras discutía las proyecciones financieras con el padre de Carolina, mi mente estaba atrapada en el recuerdo de nuestra tarde en el despacho. Cada vez que él me daba una palmada en el hombro, agradeciéndome por "cuidar de su pequeña", yo sentía una descarga de cinismo tan fuerte que me costaba mantener la compostura. Ellos me veían como el mentor incorruptible; no tenían idea de que, bajo esa superficie, yo estaba devorando la fruta
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