El transcurso del aeropuerto al apartamento era corto. Enzo y Giovanni los guardias de seguridad no se desplegaron en ningún momento de su lado.
Al llegar, Dante se inclinó y le dio un beso en la frente, un gesto inesperado que la dejó congelada.
—Nos vemos mañana en la oficina...
Pero algo en su interior lo impulsó a ir más allá.
—Te acompañó adentro, casi no puedes caminar.
—Estoy bien...Kaiser me puede acompañar.
—No estás bien, estás coja yo te ayudo. Eres mi mujer no de Kaiser ¿o h