El disparo de Dante sonó primero.
—¡Ah!
Matteo cayó al suelo con un grito ahogado, el arma se deslizó fuera de su mano. Margaret se giró, paralizada, viendo la sangre manar.
Dante estaba detrás de ella, con el arma aún humeante.
El disparo todavía vibraba en el aire cuando el jardín quedó en silencio.
Un silencio pesado. Irreal.
Margaret no respiró durante varios segundos. Sentía el corazón golpeándole con tanta fuerza que parecía que iba a romperle las costillas. Sus manos se movie