Los meses pasaron lentamente, como si el tiempo se negara a avanzar dentro de la mansión Moretti.
El invierno se fue desvaneciendo poco a poco y la primavera llegó cargada de un aire tenso que parecía quedarse atrapado entre las paredes de mármol y los largos pasillos silenciosos.
Margaret sentía ese peso todos los días.
No importaba cuánto intentara convencerse de que estaba a salvo.
Nunca lo estaba del todo.
Cada mañana despertaba con la misma sensación: de ser observada, criticada