La noche terminó cayendo sobre la mansión como un manto espeso y malditamente delicado. Las luces exteriores permanecían encendidas, con vigilantes por todas partes, pero dentro de la habitación el ambiente era distinto. Por primera vez desde hacía días, Margaret se permitió cerrar los ojos sin sentir que el peligro iba a abalanzarse sobre ella en cuanto bajara la guardia.
— Duerme, yo estaré aquí. No te preocupes por nada.
— De acuerdo.
Dante se quedó sentado a su lado al principio, en una but