Damián Feldman
Bajé las escaleras como si el suelo ardiera debajo de mis pies. Sentía las sienes a punto de estallar y llevaba los puños cerrados, tratando de contener todo lo que me quemaba por dentro. No podía sacarme esa imagen de la cabeza. El imbécil de Armando encima de ella. De Amelie. Ella no se estaba defendiendo, es que ni siquiera pudo disimular. ¡Se besaban como si fueran los más grandes amantes!
La puerta del despacho de mi padre estaba entreabierta. No me detuve a pensar. Solo en