Amelie Manson
Entonces lo vi marcharse, sin siquiera mirarme una última vez. No lloré en ese instante; no podía hacerlo frente a mi madre y mis hermanas, porque no estaba lista para explicarles las verdaderas razones del porque mis lagrimas se desbordaban después de que él se fue.
Por dentro, sin embargo, mi corazón se rompía en mil pedazos, esparciéndose como vidrios rotos por toda esa sala de hospital, sin darme un segundo de tregua. Permanecí inmóvil, atrapada en mi propio vacío, hasta que