Damián Feldman.
—Así como lo oyes, hijo. Cuando tú acababas de nacer, una de las empleadas que trabajaba con nosotros tuvo un romance con un jardinero y quedó embarazada. Tu madre y yo decidimos apoyarla para que pudiera tener a su bebé y seguir trabajando con nosotros. Pero, apenas Rosalía nació, la mujer desapareció sin dejar rastro. No tuvimos corazón para darla en adopción, así que simplemente decidimos criarla como nuestra hija.
Me quedé helado. Sentí un mareo repentino con su confesión. J