Damián Feldman
El amanecer del día del juicio llegó con un peso insoportable sobre mis hombros. Habían pasado apenas un par de días desde que Valeria y yo logramos entrar en las oficinas de Feldman para recuperar las pruebas, pero el tiempo había corrido como si fueran semanas. Mi cabeza no dejaba de repasar, una y otra vez, los archivos descargados, las cifras alteradas y los documentos que por fin señalaban a los verdaderos culpables: Lorenzo y Rosalía.
Amelie, sin embargo, se mantenía en un