Amelie Manson
Llegué a la mansión con el corazón hecho trizas. Me desplomé sobre la cama y lloré hasta que el dolor en las costillas me obligó a detenerme. La decisión que debía tomar era despiadada, un pecado que me arrastraría al infierno, pero ¿qué otra salida tenía? Estaba condenada, sin importar de qué lado cayera la moneda.
Y como si no fuera suficiente...
—Amelie… Amelie, cariño, ¿estás ahí? —la voz de Bartolomeo sonó tras la puerta. Llevaba una semana en casa, desde que salió del hospi