NARRADOR OMNISCIENTE
Armando sacudía la cabeza, incrédulo. Frente a él, su exesposa y su hijastro se besaban con una pasión que no dejaba lugar a dudas. Ni siquiera les importaba estar en la oficina de Bartolomeo Feldman.
—Deberías aprender a tocar la puerta —espetó Damián, caminando hacia él con una mirada filosa.
—Estaba abierta, idiota. Si ibas a revolcarte con la esposa de tu padre, al menos ten la decencia de cerrar.
Damián apretó los puños, su rostro se tiñó de rojo.
—¿De qué demonios hab