Como si se tratara de una mala broma, mientras Gale y su prometida planeaban su boda, lo mismo pasaba en el castillo con Louis y Lilia. La mujer era indomable, por lo que las peleas abundaban siendo que él era afín a las sumisas.
—Desvístete ahora. —ordenó Louis, con su sonrisa marcada en su rostro, mirándola de arriba abajo con detalle.
—¿De que hablas? —preguntó Lilia, asqueada. Ella creía que el supuesto matrimonio era solo una farsa, una obra de teatro para el exterior.
—Ya me oíste. —el se