Los lobos todavía esperaban el momento preciso para atacar, los guardias permanecían inamovibles. El rey parecía haberse retirado, al igual que el príncipe, con todo su séquito. El silencio aumentaba la tensión, Seth comenzó a sentir un particular escalofrío en su espalda, desconfiando de todo a su alrededor. Escuchó los susurros, las voces de mando por lo bajo, algo andaba mal.
Uno de los soldados más importantes se dirigió hacia el frente, enfrentándose cara a cara con Seth, pero se quedó por