Capítulo 112. Por complacer a la Sirena
El Alacrán Padilla encaró a Stefan lleno de rabia.
— ¿Dónde demonios está mi hijo?
— ¿Cómo estás Alacrán? No creí que te vería tan pronto —le saludó Stefan con toda la tranquilidad del mundo.
—Me dijeron que mi hijo trabajaba contigo, el muy desgraciado me dejó botado y ahora se lucra con mi esfuerzo.
— ¿Tengo cara de maestro de jardín de niños? ¿Qué me importa a mí tus dramas familiares?
El Alacrán bajó la cabeza.
—Perdóname, no es mi intención traer a colación mis problemas