Fernando
La tarde caía con rapidez cuando por fin la feria terminó. Vi cómo las señoras recogían sus cosas, cómo los niños corrían con algodones de azúcar medio derretidos y cómo las hermanas conversaban animadas sobre lo bien que había salido todo.
Me sentía cansado, con los hombros tensos de tanto cargar cajas, pero dentro de mí había una sensación distinta. Una que no quería analizar del todo, porque sabía que era peligrosa.
—Muchacho… —escuché la voz ronca y pausada del padre Sebastián detr