Julie despertó sola.
La suite estaba en completo silencio y la cama... tibia, pero vacía.
Se incorporó lentamente, con el cabello algo revuelto y la bata desordenada. La noche anterior había sido un vaivén emocional, una batalla de deseos y autocontrol. Y ahora él no estaba.
—Perfecto —susurró—. Primera noche de matrimonio ficticio y ya estoy haciendo suposiciones.
Se levantó con desgana, se peinó de forma simple y eligió una bata nueva: blanca, con ribetes dorados, elegante pero informal.