Catalina Duval no perdía tiempo.
Ni minutos después de haber sido guiada a su suite, ya estaba de regreso en el lounge del hotel con un café en mano, tacones resonando y una sonrisa lista para todo tipo de conquista —incluyendo una muy específica.
Sean.
Julie intentaba mantener la compostura. Después del incómodo desayuno en la suite —en el que Sean se presentó cuándo casi ella había terminado y que además el poco tiempo que estuvo, ni siquiera la miró— ella se sentía como una figura decorat