El vapor comenzaba a envolver el espacio mientras ella se despojaba de la ropa con movimientos lentos. Sean esperó un momento más, como si aquel umbral fuera un terreno de contemplación.
Luego entró.
Julie estaba de espaldas, el agua resbalando por su piel como si el día entero se deshiciera en gotas. Sean se acercó sin apuro, dejando que el deseo no apresurara el ritmo, sino que lo definiera.
Ella volteó apenas, sin delatar sorpresa. Solo una sonrisa que hablaba más que cualquier palabra