El pasillo de la clínica era silencioso.
Sean caminaba junto a Julie sin decir mucho, pero sus dedos rozaban los de ella en cada paso.
Era la primera vez que la acompañaba a una cita médica, y aunque intentaba mantener la compostura, sus gestos lo delataban: cada mirada, cada pausa, contenía más de lo que decía.
La doctora los recibió con amabilidad.
Julie respondió con profesionalismo, aunque sus gestos eran más suaves, como si el cuerpo entendiera el peso emocional del momento.
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