CAPÍTULO 80. La paciente ejemplar.
El sanatorio Villa Serenità huele a desinfectante y humedad, un olor que se mezcla con el eco de pasos y susurros lejanos. Luciana camina lentamente por el pasillo, con el camisón blanco rozando sus tobillos. Cada movimiento parece torpe, tembloroso, una interpretación perfecta de la mujer quebrada que todos creen que es. Susurra palabras incomprensibles, una letanía que se enreda en su garganta y resbala hacia el suelo. Los enfermeros la observan de reojo, con la mezcla de lástima y desconfian