CAPÍTULO 81. Un amanecer quebrado
Valentina abre los ojos con la luz tenue del amanecer. Alejandro sigue dormido a su lado, con el rostro relajado, tan distinto al hombre que suele mostrar el mundo. Durante unos segundos lo observa en silencio, sintiendo un calor extraño en el pecho. En la mesa de noche vibra su teléfono. Lo toma, y la pantalla iluminada le muestra decenas de mensajes de su jefa, reclamándole urgencia en el trabajo. Suspira. La realidad golpea de nuevo.
Se levanta despacio, procurando no despertarlo. Camina hac