CAPÍTULO 28.
El sol aún no ha alcanzado su punto más alto cuando el auto negro se detiene frente a la entrada principal de la mansión. Valentina desciende por las escaleras con paso firme, aunque cada latido de su corazón parece retumbar en los oídos. Lleva un vestido color vino oscuro que se ciñe a su figura con elegancia, sencillo pero provocador sin proponérselo. Su cabello cae en ondas suaves sobre los hombros, y sus labios, apenas teñidos de rojo, le dan un aire de determinación.
Alejandro la espera ju