Capítulo 76.

—¡Estoy harta de tus interrogatorios, Lysander! ¡Harta de que me huelas la ropa como si fuera un animal!—, gritó Evangeline, lanzando su bolso sobre la cama mientras se giraba para encararlo mientras lo miraba fijamente a los ojos sin parpadear.

Lysander no se movió. Se quedó plantado en medio de la habitación, con la mandíbula apretada y esa mirada gélida que pretendía intimidar a Evangeline, pero a esas alturas no estaba haciendo ningún efecto sobre una mujer que había decidido no tener miedo
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