De inmediato se lanzó hasta la habitación de Alana y entró sin siquiera tocar la puerta. Solamente entró sin importarle la intimidad de su pequeña hermana.
—¡Dime quién es ahora mismo o te juro que no sales más nunca de este cuarto durante el resto de tu vida!—, reclamó Lysander mientras pateaba la puerta de la habitación de Alana y entraba totalmente enojado.
Alana se levantó de la cama de un salto, cubriéndose con una bata de seda, con el rostro pálido pero los ojos cargados de una actitud de