Capítulo 111.

—Sí, Taylor... Lex es el padre de mi bebé—, confesó Alana con un quiebre en su voz que apenas lograba competir con el sonido de la fuente, mientras sus ojos se inundaban de una vergüenza que parecía quemarle la piel.

Taylor no se movió. No retiró sus manos de las mejillas de ella, pero Alana sintió cómo sus palmas se tensaban.

El silencio en el jardín de la mansión Scott se volvió gélido. Taylor cerró los ojos por un segundo, procesando la imagen de Lex, el maldito cobarde y patético, habiendo
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