Capítulo 113.
—¡Maldito seas mil veces, Andrew!—, exclamó Ethan Valardi, y el grito desgarró su garganta y el aire viciado de la habitación secreta como si fuera una ráfaga de metralla.
Ethan se tambaleó hacia atrás, golpeando con su espalda un estante lleno de suministros médicos. Sus ojos estaban rojos por la rabia y no podían apartarse de la figura en la cama.
Era ella. La verdadera Sarah. No la mujer que había estado durmiendo en la mansión de su enemigo, sino la mujer que él conocía en cada centímetro