Capítulo 58.
Evangeline estampó el sobre contra el cristal de la garita en la entrada principal de la cárcel donde su mamá estaba encerrada.
El golpe sonó como un disparo y de inmediato alertó al guardia que se encontraba de turno.
El guardia de turno era un hombre bastante mayor, con barba gris y una mirada cansada por los años que pesaban sobre sus párpados. Él ni siquiera levantó la vista de inmediato. Estaba acostumbrado a todo tipo de gritos, pero no a la urgencia salvaje que Evangeline tenía ese día