Capítulo 37.
Fue en ese preciso instante cuando Lysander, que había llegado al pasillo y escuchado las últimas palabras a través de la puerta entreabierta, decidió intervenir.
En su mente, las palabras “agujero”, “salud en peligro” y “morirá por tu culpa”, que había alcanzado a escuchar, solo podían tener un significado: Fátima Parker estaba retenida en algún sitio con esas características.
Lysander pateó la puerta.
El estruendo resonó en todo el despacho, haciendo estremecer hasta los cuadros que colgaban de las paredes.
Evangeline saltó de la impresión y retrocedió un par de pasos hasta que su espalda tocó la pared y su rostro estaba totalmente pálido.
—¿Interrumpo la reunión familiar?—, preguntó Lysander de manera sarcástica, mientras miraba el miedo en la cara de Evangeline.
—¿Lysander?—, susurró Evangeline, cubriéndose la boca para que no se le escapara un grito.
—¿De qué estaban hablando, Andrew?—, Lysander avanzó por el despacho, ignorando a su prometida para clavar su mirada en su sueg