Capítulo 33.

El director Ramírez ni podía respirar. El monitor de su oficina en el laboratorio parpadeaba con el resultado del ADN: 99.9%.

Un éxito técnico, pero un desastre para él. Un error muy grave que cometió. Evany lo había manipulado a su gusto, con una frialdad que daba escalofríos, y prometiendo que serían felices con el dinero de los Valardi. Incluso, le creyó que lo amaba, cuando en realidad solo lo estaba usando para conseguir llevar a cabo su siniestro plan.

Ella fue muy inteligente. No le dejó ningún tipo de pruebas para defender. No había ningún cabo suelto. Ningún rastro que condujera a su nombre.

Ahora tenía a todos los detectives de la ciudad respirando en su nuca, y el director Ramírez sabía que no había salida. Ellos estaban rastreando hasta sus cuentas de banco. Evany no existía legalmente en ese trato, que podía ser su única esperanza.

Ramírez abrió el cajón derecho de su escritorio.

La pistola de 9 milímetros estaba fría. No hubo nota, ni confesión, ni lágrimas. El silenci
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