Capítulo 34.

La Sala de Audiencias 402 no era un lugar para la justicia; era un matadero. El aire acondicionado zumbaba con un ruido metálico que se clavaba en los oídos. El Juez Cardona entró con la túnica negra ondeando como un ala de cuervo. Se sentó. Golpeó el mazo. El estruendo silenció los murmullos de los abogados.

En el banco izquierdo, Ethan Valardi estaba al borde del colapso. Su rostro era una máscara de sudor y tics nerviosos. A su lado, Evany mantenía la barbilla en alto, con los ojos fijos en el estrado. Ella sabía lo que venía. Ella lo había fabricado.

En el banco derecho, el bloque Scott era una pared de hielo. Lysander estaba sentado con las piernas cruzadas, las manos apoyadas en las rodillas. Sus ojos no se desviaban de la nuca de Ethan. Junto a él, Evangeline sentía que el uniforme sastre le cortaba la respiración. Detrás de ellos, Andrew Parker sonreía como un hiena que ya saborea la carroña.

—Señores —comenzó Cardona, abriendo el sobre lacrado—. Tras el suicidio del Dr. Aris,
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