Capítulo 25.
—Quiero proponer un brindis—, dijo Alexander Scott, poniéndose de pie y levantando su copa— Por ser el único de mis hijos varones que aún mantiene el honor de la familia intacto... ¡Por Lysandro!—, exclamó Alexander.
Lysander no se inmutó y tampoco se vió afectado por el comentario hiriente de su padre. Al contrario, tomó su copa y también la levantó para unirse al brindis con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Salud!—, respondió Lysander, al mismo tiempo que su mamá y su hermana.
Desde el rincón del salón. Evangeline los veía con desagrado. Les parecía que eran grotescos. No podía ser posible que hubieran personas que usaran su dinero para tratar a los demás de esa manera.
Alexander bebió de la copa y luego aclaró su garganta para hacerles saber que aún no había terminado su discurso.
—La deshonra tiene un precio. No puedo permitir que alguien capaz de comprometerse con una puta y arrastrar nuestro apellido en el fango, dirija TerraCore. Así que he tomado una decisión—, sentenció Ale