Capítulo 26.
El sonido de la nariz de Lysandro golpeando la columna, fue nítido y estremecedor.
Lysander no estaba allí para pelear. Era como un cazador disparando a su presa desde la distancia. Lysandro no tuvo ninguna oportunidad para defenderse.
Lo tomó de la corbata y lo lanzó al suelo para empezar a descargar puñetazos con la fuerza de un martillo sobre el rostro de su hermano. Izquierda, derecha, y luego izquierda nuevamente.
La sangre salpicó el delantal gris de Evangeline.
Lysandro trató de defenderse, pero Lysander se levantó rápidamente y con una patada directo al estómago logró dejarlo sin aire.
—¡Es mía!—, rugió Lysander con una voz que no parecía humana, y que estremeció todo el salón comedor de la mansión Scott.
Con movimientos rápidos, tomó la misma botella de whisky que Lysandro dejó caer sobre la alfombra y la quebró contra el borde la escalera.
Clavó sus rodillas sobre los hombros de Lysandro y puso el filo del vidrio muy cerca de la carne blanda de su cuello.
—Vuelve a to