Capítulo 106.
«En la clínica»
«Al día siguiente»
—¿Dónde estoy?...—, el susurro salió de la garganta de Evangeline como un suspiro que apenas era perceptible para los demás, y que iba cargado de una sequedad que le quemaba las cuerdas vocales.
Los párpados le pesaban como si estuvieran hechos de plomo. Al abrirlos, la luz blanca y directa del techo de la clínica la obligó a parpadear con fuerza, sintiendo que el mundo daba vueltas a una velocidad impresionante.
El dolor no tardó en aparecer y era una marea