La mansión estaba en silencio.
No el tipo de silencio que da paz, sino ese que se siente pesado, como si las paredes guardaran secretos que aún no terminaban de gritar.
Yo estaba en la habitación, sola, aún con el temblor en las manos. Lo que había presenciado horas antes seguía resonando en mi pecho. Damon… su furia, su dolor, su decisión inquebrantable de castigar a quien lo traicionó. Pero también su vulnerabilidad. Esa forma en la que me sostuvo después, como si yo fuera lo único firme e