52: Al Día Siguiente... el Arrepentimiento
El sol se filtraba por las cortinas de la habitación con una suavidad engañosa. Todo parecía tranquilo, pero mi cuerpo seguía vibrando con el recuerdo de la noche anterior.
Me incorporé lentamente, sintiendo aún el ardor en mis muslos, la sensación de su piel contra la mía grabada en mi memoria como una maldita cicatriz dulce. Me envolví en una sábana y dejé escapar un suspiro largo.
—No fue nada —murmuré para mí misma—. Solo una explosión de tensión. Algo inevitable. Un error.
Lo dije en voz a