El aire olía a madera preciosa, cuero y silencio. Un silencio denso, cargado. La mansión parecía exactamente igual a como la dejamos… pero algo había cambiado. Tal vez éramos nosotros. O tal vez era esa calma artificial que precede a la tormenta.
Damon y yo cruzamos las puertas de la casa como dos sobrevivientes. Aún podía sentir la sangre seca en mi ropa, en mi rostro. Aún podía oír los gritos de aquellos instantes en mis oídos. Pero lo que más me estremecía era su mano cálida envolviendo la