No sabía que el alma podía romperse en tantos pedazos sin hacer ruido. Y sin embargo, ahí estaba yo, de pie en medio del infierno que yo misma había ayudado a desatar.
Todo ocurrió demasiado rápido. Los hombres de Liam irrumpieron en la mansión como una tormenta, armados hasta los dientes, arrastrando el caos con cada pisada. El estruendo de sus pasos resonaba en las paredes como si el mismo destino viniera a cobrarme todo lo que le debía.
Damon, de pie en lo alto de la escalera, no parpadeó. N