POV VITTORIA ROMANOVA
El vapor todavía impregnaba mi piel cuando terminé de secar mi cabello. El silencio de la habitación era tan espeso que podía escuchar el golpeteo acelerado de mi corazón.
La puerta se abrió de golpe, sobresaltandome. No hubo un llamado, ni un aviso, ni la cortesía que siempre mostraban los demás.
Se me detuvo la respiración. Solo podía ser él.
Los pasos se acercaron sin pausa, firmes, hasta el clóset. Me quedé inmóvil frente al espejo, con el cepillo entre los dedos. En el reflejo apareció su figura: Aleksey, con esa sombra en los ojos que parecía devorarme entera.
No me saludó. No sonrió. Solo me miró.
El aire se volvió demasiado denso, como si cada segundo entre nosotros pesara toneladas.
—Lamento que te hayas metido en problemas por mi culpa —murmuré, incapaz de soportar su silencio que me estaba destrozando.
Su ceño se frunció apenas. Negó levemente, atrapando un mechón de mis rizos y enredándolo entre sus dedos con una suavidad que contrastaba con la dureza