POV ALEKSEY ROMANOV
Asentí sin mirarlo. Ya no me importaba su voz. Solo una cosa me interesaba.
Fui hacia la puerta del baño y la abrí de golpe. Sin llamar. Sin permiso.
Era mi casa. Mí mujer, y necesitaba verla viva.
Las dos se giraron al mismo tiempo. La enfermera me lanzó una mirada entre el susto y la incomodidad.
Pero Vittoria…
Dios.
Ella me miró como si acabara de verla resucitar.
Estaba en la bañera, con el cuerpo cubierto por agua tibia y algunas esencias flotando en la superficie. Su piel seguía pálida, pero viva. Con ese aire etéreo que parecía no pertenecer del todo a este mundo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó en un susurro, débil. Dulce.
Esa voz. Su voz.
Pude haber muerto en ese instante.
—Sal —ordené a la enfermera, señalando la puerta sin apartar la mirada de Vittoria—. Yo me encargo.
—No. No me vas a bañar.
—Sal —repetí con más firmeza.
Esta vez, obedeció.
Cuando la puerta se cerró, Vittoria bajó la mirada.
—No quiero tenerte cerca. No quiero que me veas desnuda. No quiero