Christopher la había llevado a un rincón apartado del restaurante, donde la luz tenue y la tranquilidad del lugar contrastaban con la tensión que se acumulaba entre ellos. Luciana lo seguía con el corazón acelerado, consciente de que enfrentarse a él en este momento sería complicado. Aún así, sabía que debía hacerlo.
—Por favor, no golpees a Andrés ni te enfrentes con mi papá —le pidió, su voz ligeramente temblorosa.
Christopher la miró con frialdad, pero detrás de sus ojos había una tormen