Bajo al gimnasio a las 5:30 AM.
León ya está ahí. Sin camisa, con las vendas negras en las manos. Golpeando el saco de boxeo con precisión controlada.
Cada golpe marca los músculos de su espalda.
Entro silenciosamente para no interrumpir su sesión
Pero él me ve en el espejo, se detiene y se gira hacia mí.
Esta vez no se tensa. No se pone camisa rápidamente. No sale del gimnasio con una excusa educada.
Esta vez camina directo hacia mí.
Despacio. Deliberado. Con sus ojos fijos en los míos.
—Llega