Desperté a las 10 AM. Diez de la mañana. No podía recordar la última vez que había dormido hasta tan tarde.
La casa estaba en silencio. Bajé en pijama, cabello revuelto, esperando encontrar vacío.
León estaba en la terraza del primer piso, café en mano, leyendo el periódico. Jeans. Camisa blanca sin abrochar hasta el tercer botón. Descalzo.
Se veía... humano. Casi peligrosamente normal.
—Buenos días —dije desde la puerta.
Levantó la vista. Sonrió levemente.
—Casi buenas tardes. ¿Dormiste bien?