Sábado por la mañana, dos días después del veredicto, desperté con claridad mental que no había sentido en meses, como si nube pesada finalmente se hubiera disipado dejando cielo despejado.
Necesitaba ir al cementerio, hablar con mi padre, cerrar círculo que había comenzado hace poco más de un año cuando descubrí que su muerte no fue accidente sino asesinato.
Me levanté sin despertar a León, me vestí con jeans y suéter simple, nada formal.
Bajé encontrando a Héctor ya en la cocina preparando ca