Miércoles por la mañana. Último día de las cuarenta y ocho horas.
Desperté con mensaje de texto. Número desconocido.
Número desconocido: 24 horas. Reloj sigue corriendo.
León ya lo había visto. Estaba en su teléfono coordinando algo.
—¿Con quién hablas?
—Con Inés. Le dije que no vaya a clases hoy. Que se quede en su departamento con las puertas cerradas.
—¿Crees que Ricardo iría por ella?
—No lo sé. Pero no voy a arriesgar.
—¿Ella sabe lo que pasa?
—Sabe lo básico. Que hay amenazas. Que necesit