Martes por la mañana. Primer día de las cuarenta y ocho horas.
Me desperté sobresaltada por ruido en la casa. Salté de la cama. León ya estaba levantado.
—Es solo Carlos cambiando turno con el equipo nocturno —dijo—. Respira.
—No puedo respirar. Ricardo está ahí afuera. Amenazó a todos. Y tengo un día y medio antes de...
—Antes de nada. No va a pasar nada.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque Ricardo es cobarde. Siempre lo fue. Por eso huyó. Por eso operaba desde las sombras. Amenazar por te