Lunes por la mañana. Cinco y media AM.
Mi teléfono sonó sacándome de sueño inquieto.
Patricia Rojas. La fiscal.
—¿Abril? Tenemos problema.
Me senté de golpe.
—¿Qué pasó?
—Fuimos a arrestar a Ricardo Solís esta mañana. No estaba. La casa vacía. Se fue.
—¿Qué? ¿Cómo?
—No lo sabemos. Pero se fue hace menos de veinticuatro horas. Ropa desaparecida. Documentos desaparecidos. Planeó esto.
—Mierda.
—Emitimos orden de captura nacional. Alertamos aeropuertos. Fronteras. Pero tuvo ventaja.
—¿Crees que sa