Sábado por la mañana. Primer fin de semana completo desde el testimonio sin reuniones de emergencia.
Desperté encontrando a León ya despierto. Mirándome con expresión pensativa.
—¿Cuánto tiempo llevas despierto? —pregunté.
—Una hora. Tal vez dos. Solo pensando.
—¿En qué?
—En que no hemos tenido un día normal en semanas. Tal vez meses si cuento desde que nos conocimos.
—¿Y?
—Y pensé que hoy deberíamos tener uno. Un día completamente normal. Sin abogados. Sin investigadores. Sin hablar de Larraín