Domingo por la tarde. Segundo día del fin de semana normal.
León había pasado la mañana trabajando en el tercer piso. Yo había leído en la sala. Ambos evitando cuidadosamente el tema que flotaba entre nosotros.
Hijos.
Cerca de las tres, León bajó con dos tazas de café.
—Necesitamos hablar.
—Esas son palabras aterradoras.
—No pretenden serlo. Pero dijimos que tendríamos esta conversación pronto. Y creo que pronto es ahora.
—¿No podemos posponer un poco más?
—Podemos. Pero eso solo va a hacer que